"Hijo mío, entrega ahora tu corazón para que descanse en mí, y yo te guiaré en la alegría y la esperanza de mi misericordia.
Sí, te daré mi corazón de amor. Que tu corazón colme el mío y cumpla mis caminos confiándolo todo a la alegría de mi misericordia y de mi santo amor.
Sí, entrégame tu corazón y la esperanza de mi santo amor te consuma. Alégrate. Alégrate, hijo mío, por todo lo que he hecho por ti".
Sí, mi Señor. El Cielo y los ángeles, vayan delante de mí y hagan que mi misión sea un éxito en este día en la gloria de la voluntad de Dios de amarle y servirle.
San Miguel Arcángel, defiéndeme en este día de batalla. Sé mi salvaguardia contra la maldad y las asechanzas del demonio. Y tú, oh Príncipe de las huestes celestiales, arroja al infierno a Satanás y a todos los espíritus malignos que merodean por el mundo buscando la ruina de las almas. Y que la gloria de la luz reine en nosotros'.