“Recuerda, hijo mío, tu llamada de amor y la paz que Dios te ha llamado a cumplir dentro de tu corazón y para los corazones de los demás.
Sí, aunque estés cansado, recuerda tu llamada de amor. Y prepara tu corazón, enumerando como haces tus responsabilidades, que te da alegría cumplir. Ve con alegría y con amor.
Escribe al Padre César cuando te estés preparando para partir para confirmar tu venida y organizar con él, según la voluntad de Dios, hablar en la casa de Dios, en la Basílica de mi madre. Este es un gran honor, estar de pie y proclamar el amor de Dios. Estar de pie y proclamar al pueblo que se arrepienta y reciba la alegría de la misericordia de Dios.
Sí, vete, y aunque te vayas un día más tarde de lo previsto, te irás con los que quieres”.”
‘Te quiero, madre, gracias.
Te pido, Espíritu Santo, que llenes mi corazón, que me renueves cada día en el amor misericordioso de Dios, nuestro Padre’.’
“Alégrate, alégrate, hijo mío. Porque cada día es un nuevo comienzo en el amor de Dios”.”