Jesús: Te amo, hija mía, y te ofrezco mi corazón como signo de mi amor por los demás. Ven y deja que te estreche entre mis brazos y te llene del Espíritu de mi amor. Confía en mí y en todo lo que puedo ofrecerte. Es a través de los frutos del Espíritu como se revela mi amor. Confía y entrégame tu corazón.
Mis queridos hijos tienen necesidad de la oración para santificar sus corazones. Es mi palabra viva la que alimenta un alma con vida. Ofrece tu corazón a mi palabra viva para que mis oraciones sean escuchadas por mi pueblo necesitado. Confía en la luz viva de tu Salvador para que te guíe. Pon tu vida en mis manos y deja que la cosecha del Espíritu fluya a través de ti. Deja que la palabra eterna de vida consuma tu alma para que puedas vivir en paz durante esta hora de grandes gracias.
Que mi pueblo cante una nueva canción de vida porque su Salvador está llegando. Que sus corazones canten con alegría, porque soy un Salvador de gran gozo y ésta es la hora del arrepentimiento en que todas las almas deben ofrecerse como sacrificios vivos a la llama de mi palabra. Yo soy el Salvador del amor divino. La llama de mi amor arderá eternamente en los corazones de todos mis hijos que se han abandonado a mí.
Rezo para que mi pueblo vuelva a mí con el corazón abierto a través de la oración. Pido a todas las almas que oren ofreciéndose a mí para la redención de sus corazones. Mi amor es grande para un alma necesitada.
Las almas más fuertes en la fe deben rezar por los débiles, los cansados y los oprimidos. Mis hijos no deben centrarse sólo en sus propias necesidades en la oración, sino también en las necesidades de los demás. Mi corazón está con todas las almas que claman compasión, no sólo para sí mismas, sino también para los demás.
Mis hijos deben elevar su corazón hacia mí con humildad. Entonces, podré ayudarles en todas sus necesidades. Deseo complacer a mis hijos. Deseo servir, ser un siervo de amor para cada hombre, mujer y niño de la tierra. Mi corazón está unido a todas las almas pero, cuando las almas vienen a mí, soy glorificado por su humildad y alabanza.
¿Por qué mis hijos deben llorar solos cuando pueden contar conmigo para restaurar sus corazones? Es un crimen contra el corazón que un alma se quede sola cuando yo estoy presente para recibirlas. Puedo curar todas las heridas si se me permite. Cada persona tiene su propio libre albedrío y puede elegir estar a mi lado. No negaré a ningún alma, ni siquiera al pecador más empedernido. Sólo el hombre juzga al hombre. El hombre debe aprender a amar porque es a través del amor que otros necesitados de compasión pueden ser curados. La misericordia se cumple a través del amor y sólo el amor puede traer la unidad.
Pido a cada hombre, mujer y niño que se amen los unos a los otros. Amad a mis hijos, como yo os enseñé a amar.
No olviden el poder del amor para sanar sus corazones. Perdonad. Perdonad con todo el amor que sentís por mí. Porque así como tú perdonas a tu hermano, yo también te perdonaré con la misma bondad. Mi amor es eterno e incondicional. Sólo tú pones condiciones a mi amor. El débil debe amar al fuerte, y el fuerte al débil. La fe sella el vínculo de la fraternidad a través del amor. Recuerda que el amor es la respuesta a todos los problemas a través de la oración. La oración traerá una gran alegría al corazón y lo devolverá a un estado natural de gracia y paz.
Hay tanto que deseo compartir con mis hijos. Escuchad mis palabras, porque resonarán en los corazones de todas las almas necesitadas de su amoroso Salvador. Que la misericordia se eleve para saludarte en este nuevo día.
Mi querida hija, sólo quiero decirte que te amo. No te centres en tus propios problemas, sino en tu capacidad de amar a través de mí, en mí y conmigo. Gracias por recibirme hoy. Que tu corazón encuentre siempre paz en mí.